Hannibal: Un plato con sabores nuevos

Este artículo fue originalmente publicado en VTR el 7 de mayo de 2013

¿Se acuerdan de #TheFollowing? yo no, la olvidé y la cambié por #Hannibal.

La pequeña @negracesante tenía tan solo 12 años la primera vez que escuchó el “Clarice” de Anthony Hopkins y cayó rendida a sus pies. Cuatro películas y 20 años más tarde, el Doctor Hannibal Lecter vuelve en forma de serie y acá me tiene otra vez en sus manos.

“Hannibal” no es una serie perfecta y no viene a reinventar el género, pero vamos que es un filete de primer corte. Gran parte de su mérito está en lograr una propuesta visual con cojones, que no le teme a la sangre, las escenas escabrosas y tampoco a la metáfora terrorífica, estilo bestias gigantes persiguiendo al protagonista en el medio de la noche. Si a esto le sumamos diálogos inteligentes, sutiles y capaces de lograr que a uno le importen los personajes, tenemos una mesa bien servida en la que, sin duda alguna, YO me quiero sentar a comer.

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Uno de los platos más difíciles de servir son esos capítulos en que la serie decide homenajear abierta y explícitamente a “Dragon Rojo” y al “Silencio de Los Inocentes”. “Hannibal” está obligada a enfrentar la mirada desconfiada de los fanáticos de la saga de novelas de Thomas Harris y de los admiradores de sus versiones cinematográficas, algo que hasta el momento parece estar absolutamente controlado por Bryan Fuller, el mismo tras “Dead Like Me” y “Pushing Daisies”, quien ha sabido esconder cuidadosamente, en cada uno de los capítulos, guiños precisos, dignos y hasta elegantes.

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Ahora, todo buen banquete tiene sus manchitas de aceite en el mantel. Las de Hannibal son pocas y no se ven a menos que uno las busque, pero allí están. Resulta casi imposible ver la serie sin sentir la presencia de Gregory House o del perfecto Sherlock de la BBC, escabulléndose en la pantalla, ya sea por la vanidad intelectual que motiva los actos de Lecter o por las escenas dedicadas al atormentado Graham deduciendo crímenes con solo pararse a observarlos.

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Sin ir más lejos, en series como “Touch” y “Homeland” podemos encontrar aún más rasgos en común. El síndrome del personaje pajarito frágil, con antecedentes clínicos que le impiden concretar relaciones sociales exitosas, es casi una marca registrada del héroe contemporáneo. ¿Un arquetipo demasiado explotado? Puede ser, ¿Agotado? Difícilmente. Muy pocos logran resistirse a los encantos de los héroes vulnerables y humanos, aún cuando a ratos, suenen a historias mil veces vistas.

Personalmente le tenía algo de miedo a “Hannibal”, Kevin Williamson ya me había destrozado el corazón con “The (Un)Following” y no estaba preparada para otra desilusión, pero para alegría de quien escribe, la fascinante historia de manipulación y muerte que Bryan Fuller ha logrado desarrollar entre todos los personajes de “Hannibal”, triunfa en todo en lo que “The Following” falla. “Hannibal” maneja la tensión, logra ponerle al espectador la piel de gallina y se aleja de las caricaturas, manejando la obsesión del público con el infame y mundialmente reconocido Dr. Hannibal Lecter con mucho respeto e inteligencia.

Gracias Fuller por este plato lleno de sabores nuevos.

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