Happy Valley: Catherine Cawood llegó a Netflix

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Un borracho que a duras penas logra mantenerse en pie amenaza con quemarse vivo en medio de un parque infantil. La sargento Catherine Cawood, aparece en escena con extintor en mano. Me llamo Catherine, tengo 47 años, estoy divorciada y vivo con mi hermana, una ex-heroinómana. Tengo dos hijos adultos, uno muerto, otro que no me dirige la palabra y un nieto”.

Así comienza la miniserie policial británica Happy Valley, que de feliz tiene muy poco. El drama de la BBC escrito por la ganadora del BAFTA, Sally Wainwright (Last Tango in Halifax, Scott & Bailey) arranca con la historia de Catherine Cawood (Sarah Lancashire) una sargento de policía en un pequeño pueblo de West Yorkshire. Hace años fue detective, pero algo sucedió en su vida que trastocó todo: su hija fue violada y quedó embarazada producto de esta violación, dio a luz a un niño, pero no pudo soportar la situación y se quitó la vida. Cawood crió al niño sola, su esposo e hijo se alejaron. Han pasado ocho años de esto y hoy el padre de ese niño, Tommy Lee Royce (James Norton) saldrá de la cárcel.

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En otra parte del pueblo, Kevin Weatherill (Steve Pemberton), un contador nervioso e impulsivo, con una esposa inválida y dos hijas pequeñas, pide un aumento para pagar los estudios de una de las niñas en un importante colegio, pero recibe de su jefe una fría respuesta. Frustrado e inquieto, antes de que uno pueda decir Fargo, comienza a plantearse la posibilidad de secuestrar a la hija de su jefe para pedir un millonario rescate.

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La mini serie británica no plantea una trama extremadamente original, ni se trata de un drama policial lleno de giros y misteriosos asesinos en serie. Happy Valley es un thriller inteligente, oscuro y absorbente donde el misterio es secundario; la verdadera batalla es por la supervivencia femenina de una protagonista que bordeando los 50 años: corre tras los monstruos, recibe los golpes, llora, ríe y comete errores.

Sally Wainwright retoma una práctica antigua y mucha veces olvidada, el cariño y la dedicación en la construcción de los personajes y del universo en que estos existen. El sombrío pueblo de Happy Valley está tan bien logrado que se siente real, tan real que pone los pelos de punta.

Sarah Lancashire está grandiosa como la protagonista que afronta el día a día con la calma del que viene de vuelta en la vida. No es solo la policía dura, también es la abuela suave y paciente con un nieto que nadie más parece estar dispuesto a soportar. Lancashire logra transmitir la dureza y la vulnerabilidad de una heroína decididamente distinta a las que solemos ver en televisión.

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La abuelita ha estado en una pelea”, es una frase que difícilmente escuchamos en la boca de un niño y mucho menos seguida de la explicación: “Ella estaba persiguiendo a un imbécil y él le dio una patada en la cara, pero lo atrapó”. “Catherine ¿Qué te has hecho en la cara?” pregunta su hermana. “Oh”, responde ella de forma despreocupada, “Nada, es el trabajo”. Porque eso es exactamente lo que Catherine Cawood sabe hacer mejor: su trabajo.

Los golpes de la sargento Cawood no solo incluyen heridas sobre la piel. A ella la golpeó la vida y ahora un caótico secuestro seguido por una cadena de trágicas muertes la obligará a examinar décadas de daños al interior de su familia y de este valle en el que reina todo menos la felicidad.

En sus espacios de soledad Catherine será atormentada por el recuerdo de su hija muerta. Fantasea con la posibilidad de tomar la justicia en sus propias manos y aplastar con la bota más inmunda el miembro del animal que abusó de su hija. En esos momentos la sentiremos brutalmente afectada, humana y real, sumergida en una batalla interna por mantenerse fiel a su naturaleza, que, lejos de seguir la moda de los antihéroes, es la de una heroína clásica, esa que al final del día quiere hacer el bien y poner a los monstruos tras las rejas.

Happy Valley

Cuando Catherine llega a casa después de un día terrible en el trabajo y es recibida por un ataque gratuito de su pequeño nieto, su hermana se preocupa. “Estoy bien,” dice Catherine. “Tengo ‘punchbag’ tatuado en la frente, pero aparte de eso, estoy bien.”

Happy Valley es de esas mini series que se ven de un tirón. Un torbellino de tensión, violencia, drama y emoción de seis capítulos, tan intenso que a veces parece saltar de la pantalla para abofetearnos en la cara y tan conmovedor como para dejarlo guardado para siempre en la cajita de las series de la vida.

La mini serie británica Happy Valley se encuentra disponible en la sección agregados recientemente de Netflix.

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